18 octubre, 2006

Atleta in riposo

Cuando una cosa me emociona, no suelo quedàrmela para mì. Puede que me equivoque (aquello de que esto no es un diario...), pero vaya, hoy hago una excepciòn, con algo literalmente fuera de serie. Cuando uno tiene la suerte de trabajar, como yo, en el Museo Nazionale Romano, se topa a veces con cosas como ésta: no forma parte de mi labor en Roma, pero entrar en una sala de museo y toparte con lo que véis, justifica, sin màs, una visita reposada a esta ciudad.
El Museo Nazionale Romano tiene una de las colecciones màs ricas de la ciudad en inscripciones y esculturas, desde la protohistoria hasta el paleocristianismo. La gente suele quedarse en su sede de las Termas de Diocleciano o en el espacio octogonal de la misma sede. Y casi siempre se olvidan de llegar hasta el Palazzo Massimo alle Terme, que también pertenece a la misma entidad, aunque està algo alejado.
Entrar en una sala, toparte con la distribuciòn de esculturas que véis y derretirse de emociòn, es todo uno. Es una de las salas màs espectaculares de toda Roma (sé bién qué me digo) y en media hora de visita allì, entraron sòlo dos personas!!! Imperdonable y, claro, mucho mejor para los que estamos. El rey helenìstico representado como atleta, en primer término (se especula con que pueda ser Atalo II, aunque a mì me gusta pensar que sea el III, por su apariciòn en la poesìa de Horacio!), mira casi con altivez, al boxeador, que se encuentra al fondo de la sala.

El atleta reposa tras el combate (de boxeo o de pancracio: miradle las manos), con una mezcla de aturdimiento y estupefacciòn, que la estatua y su artista transmiten con pasmosa sencillez y eficacia. No sabe dònde mirar, pero mira. Ha sobrevivido, los miembros de su cuerpo empiezan a distendirse, pero su espalda y su musculatura estàn todavìa tensas.

Las heridas se reflejan en su rostro, bajo los ojos, en su nariz, en esa boca que se entreabre buscando la brizna de aire que le dé, de nuevo, la vida.
Es una estatua, la del atleta en reposo, del siglo I a.C., que me emociona de veras. Es de las que màs me gusta de Roma y pienso, cuando la veo, que Miguel Angel tuvo que haberla visto (aunque sé que eso no es posible, pues fue descubierta màs tarde) para poder transmitir sobre todo en sus frescos de la Sixtina, exactamente, el mismo tipo de fuerza y de contenciòn que muestra esta obra de arte suprema.

Si vais a Roma, no os perdàis este Palazzo Massimo alle Terme, por favor, desde el tercer piso, hasta el subsuelo: tiene tantas cosas admirables...la que màs, con todo, ésta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya, ahora entiendo mejor el arte que hay en tus notas de cata.

Gracias por la recomendación. La guardo cuidadosamente para una futura visita,

SobreVino

J. Gómez Pallarès dijo...

De veras que merece la pena: en el tercer piso han hecho unareconstrucciòn del triclinio (comedor) de verano de Livia, la esposa de Octavio Augusto, en su villa de Prima Porta. Entrar en la sala da casi vértigo: es como entrar en el comedor de Livia pues estàn las paredes casi intactas, con todos sus frescos. Impresionante. Y asì hasta abajo y llegar a este boxeador anonadado o al propio Augusto, vestido de sumo pontìfice. Una pasada, vaya.
Saludos cordiales,
Joan

Publicar un comentario