17 septiembre, 2006

Tiempo de vendimia sin vendimia (i)

Unos de mis mejores amigos en el mundo de la viña y de la viticultura, de los que he aprendido y aprendo mucho cada vez que tengo la suerte de poder estar con ellos, son la familia Doix- Llagostera, propietarios de Mas Doix, SL, en Poboleda (DOQ Priorat): Valentí y Marian; Ramón y Susana; Josep Maria y Maite, encabezados por los sabios consejos de sus padres, tienen todo mi cariño y, además, mi agradecimiento. Este fin de semana tocaba, en teoría, vendimiar algunas de sus uvas, pero cuando llegamos, nos topamos con la "sorpresa" de que la uva que estaba en su punto de madurez (la merlot, sobre todo, que siempre va temprano), había sido ya vendimiada. A su vez, habían caído en los días anteriores, no menos de 60 litros en la zona, bien caídos y que había que aprovechar. ¿Cómo? Pues dejando que la fruta y la planta chupen esa agua, dejando que la uva pierda un poco de azúcar y, por lo tanto, de potencial grado y permitiendo, por fin, que un benigno viento y un poco más de buena insolación, recuperen esos azúcares y grado, pero con la uva más madura. Si todo ello se puede hacer manteniendo la sanidad de la fruta, la cosecha será, sin duda, mejor. Bien, pues todo eso pasó entre el viernes por la tarde y el sábado por la mañana. ¿Y que se hace, entonces, si no se puede vendimiar? Pues sin querer emular el estupendo blog del amigo Paglia, me apetece explicaros, con breves palabras e ilustraciones, qué hicimos.

Por ejemplo, se va a la viña (en la foto de la izquierda, la plana baja de Mas de l'Osó, una de las viñas más bonitas que conozco en el Priorat, planta en espaldera de 1 metro, con poda en guyot) y se toman muestras de la syrah que ahí se ha plantado (foto de la derecha, de una viña de siete años, con una sanidad perfecta)



Después se toman muestras de una segunda viña, en este caso (uva de la foto inferior), cariñena de cepas de más de 100 años de antigüedad, plantadas en vaso)









Cuando se han tomado todas las muestras necesarias (¡y no vale una de cada principio de hilera de viña!), se va al laboratorio (foto superior), se cogen todas las muestras del varietal,
se machacan y se consigue un mosto como el que véis en el vaso.

El especialista (en este caso, Ramon Llagostera), coge el espectómetro (un aparato que consigue medir, a través de la refracción de la luz en los cristales del azúcar del mosto, la cantidad de azúcar de la muestra de la uva y, en una escala determinada, en este caso la Brix, deducir el grado alcohólico que se puede llegar a obtener de esa uva, tras su fermentación) y hace el análisis pertinente. Teniendo en cuenta lo del agua y su efecto sobre la uva y que el análisis de la cariñena centenaria arrojó un 14,5%, se decidió esperar unos días, para que la uva y la cepa chuparan toda el agua, bajaran su azúcar y, después, volvieran a recuperarlo. Seguirá...

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