21 septiembre, 2006

Finca Flichman Malbec roble 2005 y Chimbote

Hoy, en pleno ataque de nostalgia hacia la tierra argentina y los amigos que allí tengo (va ya para dos años que no estoy), he decidido acercarme al consulado de la República Argentina en Barcelona (paseo de Gracia, 11), donde tienen una pequeña tienda, sabiamente llamada "Rayuela" (¡qué nostalgia, también, la de las primeras lecturas de Cortázar!). Y he decidido suministrarme dos de los productos emblemáticos de la República Argentina: un buen monovarietal de malbec y un tarro de dulce de leche.

Finca Flichman es una de las firmas importantes en Argentina, con viñedos en Barrancas (región de Maipú, Mendoza) y una tradición que arranca en 1873 aunque con ese nombre, en 1910. Casi nada. En 1998, el grupo portugués Sogrape compra la Finca y relanza todas sus líneas (http://www.flichman.com.ar).

Una de las que me interesa es la de los monovarietales. Puede que ni ellos mismos la consideren como la de más prestigio (parecen preferir los ensamblajes en las mejores añadas), pero a mí me encanta probar los monovarietales de las distintas partes del mundo: sólo así puedo percibir las diferencias y cualidades de una uva aquí y allá. Y hoy ha caído el monovarietal de malbec, la uva que, en Argentina, "nació" precisamente en Maipú. Un lujo este vino (¡comprado a menos de 10 euros!), cuya uva crece en cepas sobre pie franco, es prensada casi por gravedad y pasea sus 13,5% tan sólo por tres meses de barrica de roble. Aunque sea de la cosecha de 2005, no se puede decir que sea un "vino de añada". Es más que eso.

Tiene un color rojo brillante, de cereza en sazón: la guinda de un pastel. Capa media, ribete en degradado del mismo color. Huele a fruta madura, a ciruela, a mermelada de fresas, al cabo de un rato en la copa, a tabaco, a pimienta y a hinojo. Presenta una extraordinaria maloláctica: huele al dulce del roscón de Reyes. En boca es pleno, con unos taninos suaves, suaves, redondo, con un largo posgusto, con la madera justa. Se presenta vibrante, terso, joven, fresco. No dura mucho su evolución en copa, pero mientras está vivo, es un gran vino.


El vino me lo he tomado con unas estupendas y caseras croquetas de pollo (la receta, para otra ocasión). Pero con los postres (macedonia de fruta también casera), ha caído la otra "guinda" del pastel: unas cucharadas (¡tanta tentación!) de uno de los dulces de leche de toda la vida en Argentina, Chimbote. La primera vez que estuve allí, en Buenos Aires, en un restaurantito de barrio, familiar, dignísimo (en Rivadavia, creo recordar), me sirvieron un helado de postres y me preguntaron si lo quería con un poco de dulce de leche. ¡Yo no lo había probado jamás! Desde aquel momento, mi enamoramiento de ese manjar (soy muy goloso) no ha cedido y cada vez que tomo un poco, me siento como besando tierra argentina. En la pura gloria, vamos.

2 comentarios:

Copo de 3 dijo...

Amigo no te olvides que Finca Flichman pertence al grupo portugues de Sogrape.

J. Gómez Pallarès dijo...

No, querido Joao, ya lo comento antes de pasar a describir el vino: gracias a Sogrape, Flichman renació en 1998 y ha relanzado todos sus productos. Es una feliz coincidencia de dos realidades muy importantes en la vitivinicultura: Portugal y Argentina.
Saludos!
Joan

Publicar un comentario