07 septiembre, 2006

Cirò rosato di Librandi

Calabria, en el extremo suroriental de Italia, es tierra de profunda historia, de colonizaciones y de larga tradición en el mundo de la viña y el vino. Calabria, asociada a suelos pedregosos y arcillosos, tiene, casi como paradoja, amplias y exhuberantes superficies de viña (como la de esta foto), que producen vinos como el rosado que ahora os comento. He tenido la ocasión de catarlo fruto del intercambio con Franco Ziliani y confieso que he quedado apabullado.

La Casa Vinicola Librandi, Antonio e Nicodemo (http://www.librandi.it), trabaja con viñedos de las localidades calabresas de Cirò, Cirò Marina y Crucoli, tanto con uvas foráneas, como con uvas de la zona. Este rosado está, precisamente, hecho con estas últimas: 100% gaglioppo, procedente de suelos calcáreo-arcillosos. Con una uva vendimiada algo tarde para la zona (segunda quincena de septiembre), hacen este extraordinario vino de 13 %. Tiene el intenso y brillante, limpio, vivísimo color de la frambuesa madura. Su nariz es impactante y muy rica (a pesar de haber hecho "tan sólo" 12 horas de maceración pelicular; el resto de la vinificación la completan con depósitos de acero): empieza con frutas rojas del bosque y de la huerta en sazón (fresitas, frambuesas), sigue con unos toques elegantes y sutiles de dulce infantil (palote de fresa) y de dulce de repostería (hojaldre) y finaliza con unas puntas de regaliz en rama. Con todo, su punto más fuerte, más impactante, llega con su entrada y paso por boca, triunfal: es un vino pletórico, poderoso, que te llena el paladar y todos los órganos olfativos y sensitivos de forma casi apabullante. Posee, además, un larguísimo retrogusto. Es un vino que me ha recordado, muchísimo, la calidad y poderío de un Pago del Vicario, pero algo más matizado, más rico en nariz y en boca. Posee, para rematar su atractivo goloso, un mínimo perlaje, que lo hace todavía más agradable, nada agresivo. La Casa Librandi, en su web, aconseja combinarlo con una parmiggiana di melanzane, con pescados a la brasa, con pollo al mismo estilo o con conejo a la cazadora. Su "alma de vino tinto" encaja perfectamente con estos últimos platos: yo lo tomé con un atún a la plancha, acompañado por un poco de pesto de salvia, y combinaban muy bien. La botella que tomé era de 2005, pero creo que podría aguantar perfectamente, por lo menos, un año y ofrecer cosas todavía mejores en 2007.

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