01 julio, 2006

Pesto y vino rosado

Es casi un lugar común, el de la buena sintonía que la pasta y el vino rosado mantienen. El otro día en Piazze d'Italia (C/ Casanova, entre Aragó y València), uno de mis italianos de referencia, me estrené con unos "tagliatelle tartuffate", con un Corvo siciliano rosado (me pareció discreto el vino, tirando a poca cosa, sobre todo si lo comparo con su hermano "mayor", tinto, y preferí no decir nada de él). Hoy, en cambio, creo haber mejorado la relación, aunque no de forma definitiva: hemos tomado unos espaguetis al pesto.

La peculiaridad de este pesto, hecho en casa, es que lo hago a base de una mezcla de hojas de albahaca y de salvia frescas. La salvia le aporta un toque radicalmente distinto a aquello a que estamos acostumbrados y nos gusta mucho. A veces, incluso lo hacemos sólo con salvia: es una receta y una tradición, hasta donde yo sé, toscanas. Nos transporta hasta esa tierra privilegiada y, por ello, nos gusta todavía más.

Con esta pasta, hemos tomado un rosado bien distinto del corvo: un Albet i Noya clàssic de 2005. Se trata de una mezcla de pinot noir y merlot, en que la merlot domina mucho sobre la uva borgoñona (80 % frente a 20%), aunque su nariz sea más bien discreta. La peculiaridad de este rosado, en la zona donde se hace claro (D.O. Penedès), es que se aprovecha sólo el mosto que se produce en lágrima. Ello hace que la coloración del vino sea discreta, ante lo que suele ser habitual en los rosados de moda hoy en día. Estamos ante un vino que, a pesar de los varietales, oscila entre una piel de cebolla de Figueres algo subida de tono y una fresa que está en pleno "envero" y camina, algo tímida, hacia su maduración, sin haber llegado a ella.


El aroma que desprende el vino sin remover es el de la misma fruta, la fresa, con ligerísimos toques balsámicos. Tras un par o tres de golpes de muñeca, no he sabido notar nada más.

Su punto más importante, en mi opinión, llega con su entrada en boca, donde muestra una alegría (producto del carbónico, tenue pero presente) que se transmite con rapidez. No es graso, sino más bien ligero, pero llena todos los sentidos e invita a seguir bebiendo. Tengo que decir que tras su "confrontación" con el pesto, en boca, pierde algo de gracia. Probablemente un rosado con más empaque y cuerpo, más tipo "Pago del Vicario" o Bàrbara Forés, para entendernos, aunque con acidez parecida, diera mejores resultados con un pesto, dominado por el campo toscano, por el parma, por el aceite de argudell y por los piñones y el ajo ligeramente sofritos en él.

2 comentarios:

encantadisimo dijo...

Este 2005 de Albet y Noia está un poco más flojo que en añadas anteriores. Aun así, es muy fresco y pasa bien.

J. Gómez Pallarès dijo...

Estoy de acuerdo contigo. Supongo que se me habrá notado en la redacción, aunque no lo he dicho con todas las palabras: comparado con el "alarde" de rosados de un post anterior y con este mismo rosado, pero de añadas anteriores, decepciona un poco, bastante vaya. En mi opinión, es muy plano y tiene poco volumen, tanto de aromas como de sabores y en boca. Pasa bien, eso también es cierto, pero te deja un poco con la sensación de "añada fallida", sobre todo por la concentración de merlot, que no se huele ni se nota.

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