14 julio, 2006

Nuevo Testamento y vino

Además del tamaño estándar de botella de vino, cava o champaña, de 75 cl. (ó 750 ml. para el mercado americano: he ahí una buena forma de diferenciar qué ha sido pensado para un mercado y qué no), hay otros muchos. Los que nos dedicamos al mundo del vino, de la forma que sea, disfrutamos bastante cuando podemos ver y tener cerca alguna botella no demasiado usual.

Y eso fue, precisamente, lo que nos pasó el otro día, cuando algunos propietarios de la bodega GENIVM, de Poboleda (DOQ Priorat), www.geniumceller.com, tuvieron la amabilidad de mostrarnos las instalaciones y, además, ofrecernos una cata de tina. De todo ello hablaré en otro momento, pero ahora quería mostraros esta bella fotografía (de Albert Pasanau). Al ver la colección de botellas que tenían y al comprobar que una de ellas era ni más ni menos que una MELCHOR (18 litos = 25 botellas estándar), expresamente encargada por un cliente norteamericano (incluso la caja de madera para el transporte han tenido que hacer ex-professo), les pedí que montaran "esta parada". Y accedieron gustosos. ¡Muchas gracias a Genium!

Todas tienen, como ya sabéis muchos de vosotros, un nombre especial (según cuentan, elegido en el siglo XIX por los productores de la Champaña, a partir de su pomposidad, exotismo y relación con el Nuevo Testamento): a partir de la magnum = 1,5 l; Jeroboam = 3 l, en la Borgoña; Rehoboam = 4,5 l en la Borgoña; Matusalem = 6 l en la Borgoña (en Burdeos hay pequeñas diferencias); Salmanazar = 9 l; Baltasar = 12 l; Nabucodonosor = 15 l; Melchor = 18 l. Existe algún ejemplar de tamaño mayor, claro, pero es ya muy raro de encontrar: Salomón = 20 l; Primat = 27 l. En la foto superior tenemos la referencia de 0,75 l; una magnum; una Jeroboam; una Matusalem y una Melchor.



Por lo demás, y como muestra la foto de la izquierda, ¡no estamos libres de excentricidades!: confieso que no sé qué nombre han puesto a este burdeos que, a lo que parece, es una de las botellas más grandes del mundo, pero el tipo y la botella se las traen (cabernet sauvignon, por cierto).



En fin, y como hipótesis de trabajo: a la vista de lo comentado y conocido, empiezo a preguntarme si los Reyes Magos, en el momento de la adoración a Jesús, además de oro, incienso y mirra, no dejarían alguna anforita de vino añejo al pobre José, ¡con el frío que haría en Belén por esas fechas!

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Joan.

Viendo la acertada ocurrencia que has tenido a la hora de ilustrar el final del texto de tu post con el fragmento del fresco de la capilla Scrovegni, de Giotto, dedicado a la Adoración de los Reyes Magos, y en el cual aparece un San José que, al igual que sucede en el fragmento del mismo fresco dedicado a la Natividad, el bueno de San José está pintado en una postura que parece reflejar su total y absoluto “desmarque” con lo que está sucediendo a su alrededor, me ha venido inmediateamente a la cabeza un artículo que leí en la espléndida recopilación en forma de libro de los artículos que Martí Domínguez publicó en la revista en lengua catalana “El Temps”, de València, en el que me hizo observar precisamente lo que te comentaba sobre la curiosa postura en la que está pintado San José, un libro que, debido a los muchos intereses, no sólo enológicos y gastronómicos, que manifiestas en los posts de tu blog, creo, a menos, claro está, que ya lo conozcas, podría interesarte.

Martí Domínguez, catedrático de biología de la Universitat de València, posee una solidísima formación humanística y es una constante y sorprendente fuente de amena información, cuya base científica nos demuestra que arte y ciencia han ido siempre unidos a lo largo de la historia. Gran observador, curioso de talante, logra despertar mediante sus artículos el interés del lector hacia temas que nunca hubiera sospechado podrían interesarle.

Como muestra, un botón: En uno de sus artículos, Domínguez habla del “Tríptico Portinari” , de Hugo van der Goes, una joya de las tantas que pueden admirarse en la Galleria degli Uffizi de Florència, y tras los interesantísimos comentarios que sobre la evolución que significó en la pintura las figuras que aparecen en la Adoración de los pastores, remata el artículo haciéndonos observar las flores de una planta que, al pie de dicha pintura, aparecen en un vaso, y que no son simple ornamentación sino que, como explica Martí Domínguez, se trata de “corniols” (“sanguiñuelos”, en castellano), una planta con cuyas simientes en polvo y administradas con vino facilitaban el parto.

“Bestiari”.
Martí Domínguez.
Edicions 3 i 4 (València).

Disculpa si ya sabías de este libro, pero he creído que por el talante que tienen los lectores de este blog quizás a alguno podría serle también de interés.

Un abrazo.

enric.

J. Gómez Pallarès dijo...

Apreciado Enric, muchas gracias por el comentario y por la sugerencia, doblemente pues no conocía el libro de Martí Domínguez, que intentaré encontrar ya.
Me encanta que no te haya pasada desapercibida la elección que hice de Giotto. En mi trabajo (digamos aquel del que me "alimentó" y con el que pago la hipoteca), estoy muy atento a la explicación de textos vinculada, entre otras cosas, a su relación con el mundo real, es decir, en la Antigüedad (mi campo de trabajo), a mosaicos, frescos, escultura, etc. Y me gusta mucho fijarme en los detalles. Por supuesto, aquí lo de nuestra botella Melchor venía al pelo para buscar una Adoración. Y qué mejor que la del Giotto, con ese José entre arrepentido y que parece estar buscando algo bajo la túnica, que la pequeña "broma" que me he permitido al fina del post.
Gracias, pues, por tu acertadísimo comentario y por la sugerencia de lectura, que acepto con alegría. Casi me daba pena que esta pequeña broma "testamentaria" sobre los increíbes nombres que los maestros de la Champaña pusieron a las botellas grandes, pasara desapercibida. Tú has arreglado el asunto.
Muchas gracias y un saludo cordial.
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Y por cierto, como Martí Domínguez demuestra, creo que, en genera, no hay, en el arte digamos hasta llegar al siglo XIX, detalles baladís: todo tiene un significado, incluso, claro está, las diminutas flores que servían para calmar los dolores del parto. El probema es que tengamos la suficiente curiosidad como para preguntarnos el por qué de las cosas que vemos.
Gracias, de nuevo, por tu interesantísimo comentario.
Joan

enric dijo...

Celebro el interés con el que has acogido mi comentario. Estoy convencidísmo de que el libro te encantará. No creo que tengas ningún problema para encontrarlo en una buena librería de las de verdad, de las que tienen un buen y cuidado fondo bibliográfico (no de las que viven exclusivamente de las altas pilas de títulos y autores de "moda") y que, en el caso de que no dispongan de él, siempre se ofrecen para buscártelo.

De todas formas, he encontrado a través de Google dos de los artículos que conforman esta recopilación (afortunadamente para el lector es un "tochazo" de libro, quiero decir que es de los "gordos" y magníficamente indexado), y que podrás leer como "tast". Dicha dirección es:

http://www.barcelonareview.com/24/c_md.htm

Una abraçada, Joan.

enric.

J. Gómez Pallarès dijo...

Moltes gràcies per la informació, de nou. Com diene els Romans, aprofitaré aquest "gustum", aquest aperitiu per veure el tarannà dels articles.
Cordialment,
Joan

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