18 julio, 2006

Molino Real de Telmo Rodríguez, en la Axarquía

La Axarquía es un territorio físico, sí, pero también espiritual, que toma la parte oriental de Málaga y recorre su espinazo, desde las altas cumbres de la sierra (más de dos mil metros), hasta el suave y acogedor Mediterráneo. Pueblos de resonancia milenaria, como Tomares, Frigiliana, Nerja, Cómpeta (en la foto), Torrox, pueblan sus laderas e invitan a un tipo de vida y de ensoñaciones que pertenecen, ya, a otra época, casi perdida, siempre añorada.
A estas laderas de difícil laboreo fue a parar, hace ya más de 10 años, Telmo Rodríguez, a la búsqueda de la uva que le permitiera hacer el vino pensado, el vino deseado.
Y a fe que la encontró. Uva moscatel en viñedos abandonados de las laderas pizarrosas de Cómpeta, con desniveles dignos de Sísifo y con temperaturas extremas, en vides que crecieron en vaso y con vendimias ajustadas pero que dejaron, después, pasificar la fruta quince días al sol de la Axarquía: con todos estos ingredientes fundamentales nace Molino Real (su segunda marca, MR), quintaesencia de esta tierra.
Vino de monte, pues, que en su interior encierra los soles del mar y los verdes de la parra y del sotobosque, vino que, al ser descorchado, te ofrece en toda su plenitud, en toda su pujante insolencia, ese color de la mies cuando comienza su envero particular y deja el verde para pasar al oro pálido. Ese es el color de MR (la botella que he descorchado es del 2004, 13% y servida a 10 grados de temperatura), la que, dicen, es segunda marca de Telmo en la zona. La copa encierra otras sorpresas, además de la de un color sin fisuras: un aroma suave y delicado que, digan lo que digan, yo sólo encuentro en los Sauternes jóvenes, me llena del más puro aroma a uva moscatel que jamás haya percibido. La uva muy madura, moscatel en pasa, deja paso a un frescor casi imposible en un vino así, de huerto recién remojado tras la dura y soleada tarde (una justa acidez, sin duda).
Sin pausa, aunque sí con respiro, la fruta madura asalta mi nariz: el albaricoque en orejón; la manzana en pastel strudel y el membrillo, a punto de entrar en la cocina para metamorfosearse en dulce. Cuando lo bebo es, ya, la locura: las mismas sensaciones de sus aromas, pero con un cuerpo perfecto, con un paso untuoso pero no empalagoso, con un trago largo, con levísimas perlas, amable y redondo hasta su último momento. Tanto MR como Molino Real son, para mí, dos de los mejores vinos dulces de este país, sin duda alguna, y cerrar una comida o cena con ellos es, sencillamente, tener el mayor placer: poder dar un paseo, largo y meditado, de atardecer, por la Axarquía de mis sueños, sin moverme de la terraza de casa:


(Foto de Cutar, en la Axarquía, de A.J.Sánchez, en Flickr)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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HerrDirektor dijo...

Joan,

bonito post. Tengo que comentarte que en las mismas bodegas o donde se cría el MR y el Molino Real se hace también un vino llamado Jarel dulce al que asemejo al 100% al MR y que tiene un coste un 50% inferior. Nuestro común compañero de fatigas, Calamar, tiene una botella que sé que compartirá con Poseidón un día de estos. Espero con ansia sus comentarios.

J. Gómez Pallarès dijo...

Querido amigo,
yo he podido probar un par de jareles y están bien, pero la verdad que, en mi opinión, un poco (bastante lejos) de Molino Real y de MR. Lo que no he podido probar porque lo he buscado como loco sin encontrarlo, es la última maravilla de la Axarquía, Ariyanas, que a lo que he leído es, literalmente, impresionante. El día que lo pille ya lo compartiremos porque promete de veras. Otras cosas de la Axarquía, aparte de López Hermanos, son los Carpe Diem que gustan mucho por ahí, bien fresquitos. Pero, vaya, mi trilogía, en efecto, es Molino Real,con MR, Jarel y Ariyanas (éste último a la espera de degustación!!!). MR y Jarel están bastante próximos de precio (el primero anda sobre los 12-13 euros y Jarel anará sobre los 10, creo recordar).
Un abrazo y gracias por el comentario.
Joan

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