29 julio, 2006

Cristiari blanco 2005 con Santa Marta

Santa Marta es la hermana de María y de Lázaro de Betania, una familia muy querida por Jesús. Los evangelios de Lucas y de Juan nos hablan de ella y, de hecho, creo que una de las primeras reivindicaciones laborales de la historia la presenta Marta a Jesús, cuando se le queja diciendo que ella se afana mucho en las labores de la casa, mientras su hermana María se pasa las horas escuchando cómo predica el hijo de Dios. Jesús zanjó el tema rápidamente, no por la vía de la "negociación", sino por el de la invención "avant la lettre" de la teoría de las afinidades electivas (perdonad, es que estoy leyendo la autobiografía de Darwin!): le dijo que Maria estaba llamada a otros quehaceres y que a ella, a Marta, ya le iban bien tales ajetreos domésticos. En cualquier caso, es una mujer activa y decidida.
Hoy se celebra a Santa Marta de Betania, la onomástica de mi "santa". Bien cierto es que su carácter nada tiene que ver con el de la hermana de Lázaro, el Resucitado: ¡Jesús no le hubiera colado el argumento con tanta facilidad!

Para celebrar el acontecimiento, hemos preparado una comida a base de ensaladas (una de crudités variadas, con tomate deshidratado en aceite; otra de guisantes con tomate, cortado menudito) y un buen rape rebozado. Para acompañar sobre todo el rape, hemos abierto una botella de Cristiari blanco 2005, de Vall de Baldomar (D.O. Costers del Segre), un vino de "autor": Joan Milà.
Servido a 10 grados de temperatura, se trata de un vino blanco de 13,5%, hecho con una mezcla de uvas no habituales en estos pagos, Müller Thurgau y Pinot blanc (en la etiqueta habla sólo de "uvas centroeuropeas"), que parecen haberse aclimatado bien a la tierra y al clima de la zona.
A diferencia de lo que he leído para otras añadas, este 2005 presenta un color muy próximo al oro viejo, atractivo, casi deslumbrante.
Su deambular por la copa denota el grado que tiene (se mueve con cierta languidez) y la primera impresión de aromas que presenta es de cítricos (un poco de limón) y de frutas tropicales (una fuerte presencia de pomelo y una, mucho más sutil, de piña).
Un primer trago denota una buena acidez, aunque para deciros la verdad, me ha decepcionado un poco, pues lo he notado falto de volumen, un poco plano. No me han llegado otros aromas en boca. Y sólo tras un buen rato con la botella abierta, han empezado a abrirse los aromas a flor blanca (acacia, muy suavemente) y, después, algo de tilo. La presencia en boca, con todo, no ha mejorado.

Creo que es un buen vino, pero esta pequeña decepción en el trago me ha hecho pensar que, probablemente, es un vino que, aunque no tiene madera (creo, vaya), necesita más tiempo en botella y, también, su media hora de descorchado antes de ser probado.

PS. La foto de la botella es por cortesía de Encantadísimo.

2 comentarios:

encantadisimo dijo...

Del Cristiari Blanco 2005 sólo ha caido una botella en un restaurante y no tomé notas, pero recuerdo que no me disgustó.

Efectivamente, se trata de un vino sin barrica y que habitualmente mejora con los meses en botella. No es una bomba (recuerda que cuesta 6€) pero siempre me ha parecido un vino personal.

En fin, ya contaré cuando abra la que tengo en casa.

J. Gómez Pallarès dijo...

Digamos que había leído algunas excelencias, comentarios elogiosos que, en esta ocasión, y a botella abierta, no me han parecido tanto.
Sin duda que en cuanto a su relación calidad-precio, se trata de un vino bueno de veras. Pero no me ha emocionado, vaya.
Salut!
Joan

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