26 julio, 2006

Caldes d'Estrac: buen comer y mejor vivir

Creo que uno de los pocos pueblos del Maresme que mantiene más o menos intacta su tranquilidad y los aspectos básicos de su integridad urbanística es Caldes d'Estrac (una vez asumido el choc de la N-II, claro). Si salvamos los escollos del nuevo hotel Colón, que parece caído de Marte, y de la urbanización de casas que ha roto de cuajo la tranquilidad del más bello camino a cementerio alguno en el Maresme (el de Caldes: sí, lo siento, soy aficionado, y mucho, a los cementerios, y los marinos me gustan especialmente), el resto mantiene un tono más que digno: la riera sigue tal cual; las torres de vigilancia y los parques alegran el pequeño espacio disponible; las playas, con una configuración distinta a cuando yo era joven, siguen acogiendo generosas a sus visitantes (mucho espacio y poca gente) y los únicos baños termales del Maresme siguen dando alegrías a sus usuarios... Lo mejor: uno se puede dejar languidecer tranquilamente con la seguridad de que casi nada alterará su descanso. Día de playa familiar, tórrido, en que para mi suerte, la comida ha venido a alegrar el bochorno.
A la vista de que me esperaban unas estupendísimas sardinas en escabeche preparadas por mi hermana Imma (¡qué buena cosa inventaron los Griegos y perfeccionaron los Romanos con el escabeche!), me he ido a comprar un vino que acompañara tan delicioso manjar.
He ido a lo que uno, lisa y llanamente, llamaría un oasis en el desierto. En el desierto de los supermercados de serie, de las tiendas de subsistencia (todos muy bienvenidos, por necesarios, pero vaya, poco emocionantes y menos sorpresivos para alguien inquieto en temas de comer y beber), brilla en Caldes Ca l'Adela (Camí Ral, 19): una tienda que sobrepasa con creces el concepto de "ultramarina"y que desde hace años sirve algunos de los mejores vinos hispanos y franceses (no es broma, eh!: uno puede comprar desde un Château Margaux del 1988, pasando por un Roda I o un Matusalem y terminando por un José Pariente o un buen cava) y variada charcutería. Lo mejor: la savia nueva, en forma de hijo, ha entrado con fuerza y brillo en la tienda, se han convertido en artesanos y fabrican unas butifarras rellenas que están deliciosas: hoy he comprado una con "bolets" y otra con escalibada. Me cuentan que la coca (coc) con verduras que hacen está de muerte también.
Para alegrar y acompañar la deliciosa sardina me he decantado, al final, por un rosado del que no había todavía probado la añada 2005: Enate Cabernet Sauvignon, monovarietal (13,5 %, servido a 10 grados de temperatura).

Mi botella tenía el brillante color de la fresa madura (¿por qué no, de Maresme?), el fragante aroma de los frutillos rojos del bosque y de la frambuesa, la presencia en boca vibrante por la presencia del carbónico y agradable por su equilibrada acidez y el cuerpo poderoso, redondo de los grandes vinos, con una presencia que dura y dura tras el trago. Sin duda, sigue siendo uno de los grandes rosados del país y tiene el mérito de llevar ahí no menos de dos años.
Lo dicho, vaya: Caldes d'Estrac, ¡un lugar donde bien comer y mejor vivir!

Post scriptum: en la cena de hoy han caído la butifarra con escalibada y la de "bolets": sabrosas, equilibradas, en un punto óptimo.

3 comentarios:

Gourmet de provincias dijo...

Pues si te gustan los cementerios (reconozco que comparto la afición, siempre que el lugar lo merezca) te encantaría, por sorprendente, el de la pequeña parroquia de Louro, en el pueblo de Muros, en la boca de la ría de Muros y Noia, en el que las tumbas más humildes aún aparecen cubiertas solo con tierra y una coraza de conchas.

J. Gómez Pallarès dijo...

Tomo nota, amigo mío, de este cementerio que no conozco. No es un tema de morbosidad, conste, sino de, y aunque parezca contradictorio, curiosidad y de amor hacia los vivos que fueron y ya no son. Es una de las mejores formas de conocer, por lo demás, junto con la preceptiva visita a los mercados de abastos de los lugares donde estoy, a la gente: cómo és, cómo vive, cómo fue y cómo se ha querido o podido (en el caso de Louro, por ejemplo) representar a su muerte. Uno aprende mucho en un cementerio y, además, uno descubre, a veces, lugares sorprendentemente bellos y tranquilos.
Joan

Anónimo dijo...

Verdaderamente Caldes d'Estrac "Caldetes", para los que lo conocemos de siempre, mantiene una personalidad diferenciada en la comarca del Maresme ,tan cerca de Barcelona ,con playas quilométricas y sin embargo con un ritmo lento pausado al que las pinceladas de modernidad y diseño de las casas de la subida al cementerio o el hotel colón no hacen sino resaltar más. A mí, me encanta su personalidad "de pueblo" a la que cierto es que ayuda "ca l'adela " y también otros comercios tradicionales que han de competir con la vorágine de hipers, supers y otras hierbas que rodean la zona,y que a fin de cuentas son los que dan esa sensación de clasicismo.
De Junio a Setiembre habito en este municipio ya hace muchos años y sigue siendo una fuente donde cargar las pilas para volver a la locura de la gran ciudad con garantía de resistir.

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