14 julio, 2006

Bodegas amigas: Celler Pasanau

En un entorno privilegiado, en el municipio de La Morera de Montsant (DOQ Priorat), a los pies de la montaña sagrada de los monjes viticultores, allí donde construyeron sus escaleras para hablar con Dios, tienen los hermanos Pasanau sus viñas. Todas están en el mismo municipio (tanto las que tienen en propiedad como las que controlan), pero tienen la gracia de que disfrutan (y eso tiene su impronta en los vinos que hacen) de suelos variados (desde la habitual pizarra llicorella, hasta la grava calcárea que véis en la foto, a los pies de la sierra, en la viña La Planeta), con altitudes que van de los 400 a los 700 metros y de entornos también distintos, desde la pequeña planície arrancada al monte y abierta a los cuatro vientos, hasta la hondonada, preservada de cualquier inclemencia.

En los años ochenta se renueva la savia familiar y, a partir de las viñas de la familia y de nuevas adquisiciones (que no han parado desde entonces), Ricard Pasanau, en representación de y con la colaboración de sus hermanos (y tras haber estudiado en la UB y aprendido en la cooperativa de Poboleda), decide iniciar la aventura de una nueva bodega, Celler Pasanau (www.cellerpasanau.com). A los varietales de la zona, garnacha y cariñena, añade cabernet sauvignon, cabernet franc, petit verdot, merlot, syrah, además de algún intento con varietales de uva blanca, todavía no reconocidos por el consejo regulador. Ricard conoce muy bien el terruño y el mejor varietal para él y allí donde conviene, hace crecer en vaso y donde es preciso, en espaldera (con poda guyot). Por supuesto, dejan los Pasanau que las viñas se enfrenten con la naturaleza y le saquen lo mejor de cada estación (es decir, no riegan) y cada vez más, aunque no lo declaren, se acercan al cultivo ecológico.

Su vino más reciente, Ceps Nous es, quizás, el que más satisfacciones les está dando últimamente. A mí, seguro, porque en época de calores es un gran vino para tomar a 14-16 grados (con cualquier receta de atún, por ejemplo). Como su nombre indica, es un vino de ensamblaje (garnacha y merlot, con una menor proporción de cariñena y un toque de syrah) procedente de vides recién plantadas (estarán en los cinco años ahora), pero con una carga de color ya importante (violeta cárdeno), con un menisco que delata su juventud y una boca que se llena de flores, tomillo y monte bajo y, al final, algo de tabaco y cuero (según el varietal, pasa de tres a seis meses en barricas mezcladas de roble americano y francés, de tercer año).

La segunda marca de la casa es La Morera de Montsant, un vino hecho sobre todo de garnacha, con aportes menores de cabernet sauvignon y de merlot. Se trata de un vino más "serio", con fruta procedente de viñedos de más de 10 años, todos en La Morera y con una crianza en barricas de segundo año de 12 meses, más americanas que francesas. Puesto que la garnacha criada a buena altura (más de 700 metros) es la que domina, el vino ofrece un rico panorama de frutas del bosque, rojas y negras, en sazón, y también algo de violeta, para pasar después a notas de torrefacción suaves y delicadas (la maloláctica, hecha antes de la llegada del severo invierno, ayuda aquí a suavizar el panorama olfativo).

La Planeta está concebido como el vino de representación de la casa. Procede de las vides plantadas en la finca que lleva el nombre del vino (en la foto superior, junto a un risueño operario de la casa: el lugar hace "milagros" y la gente trabaja a gusto), y su base principal es la cabernet sauvignon, con un pequeño aporte de garnacha. El mínimo de 12 meses en barricas nuevas de roble francés y americano (con un toque de madera centroeuropea), su alto grado alcohólico (14,5) y su baja acidez, hacen de él un vino ideal para el reposo en bodega y su descorche en las grandes ocasiones. Es un vino de capa alta, de menisco oscuro, rojo picota intenso, brillante a pesar de no haber sufrido tratamiento ni filtrado alguno, de lágrima densa y persistente y aromas de compota de moras y arándanos, de ciruelas pasas, de la pastelería Ca'l Garriga de mi pueblo cuando era pequeño, y de café y chocolate.

Para alguien que no cree en más dios que la madre naturaleza, tal es mi caso, vinos como los de los Pasanau son uno de los mejores medios para intentar encontrar esa "escalera" que, parece ser, los Cartujos pusieron en Scala Dei. El día que la encuentre, os lo explicaré. O no.

3 comentarios:

Calamar dijo...

Joan, se nota que conoces bien esos vinos y esas tierras.

Por cierto, ese risueño operario que sacas en la foto me parece que también lo conoces bién. Verdad? ;-)))

Saludos,

J. Gómez Pallarès dijo...

Muy bueno, ¡¡¡y muy perspicaz!!!. Recuerdo haberlo visto alguna vez por esas tierras, sí, merodeando entre viñas y entrometiéndose en cuanto le dejan. Lástima que no puedo verle bien las orejas, pero algo raro tiene el tipo, sí.
Salut! Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Y conocer, conocer: parece mentira, pero en un territorio como el Priorat se hace ya muy difícil conocer cuanto se hace. Por lo menos yo, que no vivo en él, seguro que no puedo estar al día. Pero es una tierra que me gusta mucho, que me tiene "el cor robat", desde hace ya muchos años. Eso es cierto y se nota, claro. Y desde hace unos años, además, tengo la gran suerte de tener amigos bodegueros allí: ¡¡¡miel sobre hojuelas!!!
Joan

Publicar un comentario