15 junio, 2006

Sobre el vino en la Antigüedad (I): el falerno.


Hace unos días, gracias a las investigaciones de un equipo de la UB, ha saltado a la prensa de todo el mundo la noticia de que en la tumba de Tutankamón se encontraron unas ánforas. Una vez analizadas, se ha descubierto que el faraón consumía (aquello que se llevaban a su viaje final era lo más apreciado que tenían los antiguos egipcios en vida) vino blanco (cosa ya conocida), pero también vino tinto.
En el mundo del antiguo Egipto éste es un tema más o menos nuevo, pero en el de la antigua Roma, es mucho más conocido, tanto a través de los textos como de los hallazgos arqueológicos. Veámoslo.
Voy a escribir brevemente sobre uno de los vinos más conocidos y apreciados, porque en él se reúnen características que lo hacen muy parecido a aquello que comentamos y valoramos hoy en los vinos, el conocido como falerno.
Uno de los primeros tratados de viticultura del mundo occidental, el libro segundo de las Geórgicas de Virgilio (verso 96) ya nos habla de sus bodegas y uno de sus comentaristas antiguos, Servio, nos cuenta que el Falernus mons Campaniae est, in quo optima uina nascuntur, es decir, "el monte Falerno pertenece a la Campania y en él se dan unos vinos óptimos": ¡una vez más, la tierra volcánica unida a unos vinos de calidad!
El texto, con todo, que mejor nos describe a este vino y cómo era considerado en la antigüedad, es el de Petronio, en su famoso Satiricón (¡aunque sólo sea por la película que de él hizo F.Fellini). El banquete que uno de los protagonistas, un nuevo rico llamado Trimalquión, ofrece a sus invitados, tiene entre sus atraccciones principales,la siguiente: Statim allatae sunt amphorae vitreae diligenter gypsatae, quarum in cervicibus pittacia erant affixa cum hoc titulo: FALERNVM OPIMIANVM ANNORVM CENTVM.Dum titulos perlegimus, complosit Trimalchio manus et: "Eheu, inquit, ergo diutius vivit vinum quam homuncio. Quare tangomenas faciamus. Vita vinum est. Verum Opimianum praesto. Heri non tam bonum posui, et multo honestiores cenabant."

"Enseguida trajeron las ánforas de vidrio, bien cerradas, en el cuello de las cuales se leía esta inscripción: FALERNO OPIMIANO, DE 100 AÑOS". Mientras leíamos la marca del vino, Trimalquión nos llamó la atención y dijo: "vaya, así que vive más un vino que un pobre hombre!". Ea, pues, echemos un trago. El vino es vida y hoy os ofrezco Opimiano del de verdad. Ayer serví una cosa peor, y cené con gente mucho más importante que vosotros".

Es decir, ya en el siglo I d.C. tenían problemas con el cierre de las "botellas" (ánforas, vaya); ya había D.O.s (la del monte Falerno, por ejemplo), que tenían fama por encima de otras); ya había bodegas que comercializaban un vino extraordinario, mientras que otras intentaban mal imitarlo y, por supuesto, ya se consideraba que el vino era un tema muy importante. Cambiemos el nombre de Falerno de la bodega de Opimiano por el de cualquier otra gran marca en cualquier gran cena, y comprobaremos que, en las cosas básicas de la vida, poco ha cambiado el mundo en 2000 años.

Lo más divertido del caso, por finalizar con las ánforas con que había empezado, es que una de las que se han encontrado (no en la tumba de Tutankamón, claro) muestra, exactamente en el mismo sitio descrito por Petronio, una marca que dice:



¡F(ALERNVM) V(INVM) . O(PIMIANVM)!





2 comentarios:

Calamar dijo...

Muy interesante Joan. Después dirás de los vinos de 40 años.

Este tenia nada menos que 100, aunque supongo que serà una exageración del anfitrión para decir que el vino era bueno y añejo...

Como tú bien dices, parece ser que no ha cambiado mucho la cosa en 2000 años, ¿no?

Salut

J. Gómez Pallarès dijo...

En efecto, amigo mío, las cosas fundamentales de la vida, siguen ahí y los textos y las imágenes de la antigüedad nos hacen pensar mucho en ello (VITA VINVM EST, por ejemplo). En cuanto a la edad del vino, me has pillado: era un guiño a los comentarios que habíamos hecho sobre la aventura de abrir vinos viejos no estrictamente preparados para ello. También creo, como tú, que Trimalquión exagera (¡como hace en todo: un día os explicaré el menú de esa gran cena!), pero da que pensar que un naturalista, el más importante en mi opinión de la antigüedad romana, Plinio el Viejo, en su Historia Natural, habla del Falerno y cuenta que "para que no dañe al cuerpo no hay que tomarlo ni muy viejo ni muy joven" y da como edad ideal para tomar ese vino, 25 años. No está mal, eh? Así es que, en efecto, creo que el nuevo rico exagera en unos 50 años, por lo menos.
Salut! Joan

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