05 junio, 2006

Efemérides con lentejas

Como os anticipé, hoy hemos tenido en casa un cumpleaños especial porque se trataba de una persona que ha superado una gravísima enfermedad, con múltiple transplante de órganos y hoy cumplía 50 años. La persona en cuestión influenció en la elección de los vinos que tenían que agasajarle (¡no podía ser de otra forma!) y lo que convinimos, por mayoría de los que participaron en el debate, que tenía que ser un rosado con cierto cuerpo y entidad, acabó siendo el shyraz que tenéis en la foto: un Penfolds Bin 28, Kalimna Shyraz de 2001, que ha hecho los honores a unas estupendas lentejas frías, servidas con verduras en juliana cocidas al vapor y vinagreta con escaluñas. El vino lo he servido a 18 grados, lo he ventilado media hora antes, sin decantar. Visualmente es muy potente, de fuerte color cereza picota madura, casi de secano tipo Alcarràs, con un ribete algo desvanecido pero con un menisco casi impenetrable. Su lágrima (14%) es importante y cae lánguida copa abajo. En nariz se muestra algo nervioso, alcohólico, y tras el primer impacto (sin tocar la copa) en que han sobresalido las frutas rojas en compota (una buena maloláctica, muy completa, en barrica: 12 meses), la primera aireación ha dado unas notas de monte bajo y, sobre todo, de suave eucaliptus, que no han abandonado ya al vino. En boca, es un vino poderoso, envolvente, que tiene un trago amable y largo, con unos taninos muy suaves, casi sedosos, que proporcionan largas caudalías. Como ya habréis comprobado, quizás no era el vino más adecuado para esa ensalada de lentejas, pero era, eso sí, un vino estupendo.
Con el rape con gambas (en suquet), ha caído un cava Agustí Torelló Mata Brut Nature, fermentado en barrica, de 2001, degollado en julio de 2005: del color del trigo maduro, a punto de ser cosechado, y servido en una copa que NO tenía ningún tipo de punteado, nos ha ofrecido unas burbujas finas, persistentes, que nacían a media copa y formaban una extraordinaria corona en superfície. Un cava hecho con macabeo que olía a fruta de hueso madura, a pastelería, con un trago casi cremoso y muy agradecido. Nada nuevo, ¿verdad? en esta casa.
Para los postres, un vino dulce natural de shyraz (o syrah, o lo que prefiráis), de una casa desconocida para mí, Darimus, Vino de la Tierra del Campo de Cartagena. Pasan dos veces por las vides y aquello que no recogen en la primera vendimia, lo dejan sobremadurar por lo menos 15 días más y en una segunda vendimia (al estilo sauternais!), recogen esa fruta. El resultado, tras ocho meses en barrica y a pesar de una botella algo "curiosa" (para ser benévolos: parece diseñada por Emilio Salgari) es un vino de un color violeta intenso, de un impacto olfativo a frutas maduras en compota, higos, ciruelas, y una boca, en contraste, bastante fresca y nada empalagosa, casi floral (15%). Un vino interesante que, con todo, en mi humilde opinión queda bastante atrás (para acompañar al chocolate de una tarta sacher) en relación con un monastrell tipo Mataró o Castaño y, por supuesto, en relación a alguno de los pedro ximenez memorables, que todos conocemos (PX de Toro Albalá y para cosas más serias, Venerable o Reliquia de Barbadillo y varios etcs).

3 comentarios:

Calamar dijo...

¡Fenomenal tu descripción del Penfols!

Y la temperatura de servicio a 18ºC es la que mandan los cánones. No obstante, con un vino así, con 14º de alcohol, y en esta época del año, yo me decanto por servirlo un poco más frio, entorno a los 15-16ºC para que luego en copa aguante cierto tiempo sin dar excesivas notas de alcohol. Supongo que a los puristas les va parecer un pecado enfriar un tinto como este, pero para mi no hay cosa más molesta que un vino tinto demasiado caliente... (no lo digo por tu comida sinó por los cientos de restaurantes que te lo sirven en verano a "temperatura ambiente"...)

Salut

J. Gómez Pallarès dijo...

Calamar, estoy muy de acuerdo con tu apreciación: cuando he tomado el primer trago, he pensado "le sobran un par de grados de temperatura". El alcohol, en esta época del año, necesita un poquitín más de frío. Por supuesto se lo he aplicado, pero la idea inicial ha sido la que he descrito. Es curioso ver, vaya oler, cómo todos los vinos australianos que he catado o directamente bebido tienen ese recuerdo, en este caso discreto y benigno, en otros casi escandaloso, del eucaliptus. Para suerte mía, pasé mi infancia muy en contacto con estos árboles y tengo muy presentes sus distintas fases y sus consiguientes olores. En este caso, he tenido ante mi nariz una fase casi otoñal, muy discreta y agradable.

Anónimo dijo...

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