01 enero, 2018

Antonio Vílchez y Omar Khayyam

Antonio Vílchez Valenzuela
Antonio Vílchez tiene una bodega que se llama Naranjuez y que es expresión, como poquísimas de las que yo conozco, de la personalidad combinada de la tierra y de la persona con las que convive. Naranjuez es la materialización de las "badlands" de Marchal (Granada), las "malas tierras" fruto de la erosión que junto al río mudan en fertilidad. Naranjuez es la mejor expresión de que un clima desértico, con temperaturas extremas entre el día y la noche a lo largo de todo el año, puede acabar en fragante y concentrada uva. Naranjuez es símbolo de la capacidad de una persona por crecer y aprender de cuanto hace y a cada paso que da.

Antonio Vílchez es un hombre esencial en todo, en delgadez y en palabras. Odia la retórica supérflua y la palabra de más. Quiere vivir tranquilo con sus pocas hectáreas, y sin prisas. Es hombre de palabras sentidas, es decir, de palabras que recuperan, cuando las dice, un sentido antiguo. "La prisa mata" podría ser su divisa, en efecto, además del nombre de uno de sus vinos (para mí) emblemáticos. Años de contemplación de la vida desde su mismísimo corazón han dejado huella. Como la ha dejado el tiempo en que ha visto todo desde lo alto de una torre de vigilancia. Sus vinos están hechos de toda esa experiencia y saber de vida. Sus vinos, sin conocer a Antonio, se pueden disfrutar pero no se entienden. Diréis, puede que con razón: ¿y qué más da, si lo que conviene es beberlos sin más?

Y yo os contestaré que sí, que da más porque estos vinos, como Antonio, están hechos de la materia de sus silencios y de la aprehensión de las sensaciones que, en cada momento, la viña da. De una persona que cuenta su tiempo no por años o meses o días, sino por estaciones, hay que escuchar y atender todo. No solo sus vinos. Si te quedas con eso, te quedas a medio camino de todo y con la nada en el zurrón. Antonio ama y cita de memoria al poeta persa Omar Khayyam, que además de epicúreo post litteram, era filósofo, matemático y astrónomo. Miraba al cielo para comprender las cosas de la tierra. Antonio, además de hacer eso, se mira a sí mismo y a su alrededor, para comprender con una lucidez que transmite, cada vendimia mejor, a sus vinos.

Como Omar Khayyam, Antonio sabe que estamos hechos de instantes y de fugacidad, que no hay que ilusionarse con la riqueza y la belleza: "puedes perderlas: aquélla en una noche; ésta, en una fiebre". Como Omar, Antonio ha sabido detener su marcha para tratar "de ser feliz. ¿Por qué te afliges, pequeña mía? Dame vino; la noche se acerca". Como Omar, en fin, Antonio sabe que la prudencia consiste en gozar el momento que pasa. Porque "lo futuro, ¿qué encerrará?" Antonio Vílchez, sus vinos, sus momentos, sus palabras: nos hacen mejores porque nos hacen disfrutar tanto como reflexionar sobre cómo somos y por qué hacemos las cosas como las hacemos. Antonio, como Omar Khayyam, es hombre de palabras fundamentales y de vinos con alma. Cada día más.
Naranjuez, Pinot Negro 2017

25 diciembre, 2017

Marco Aurelio y yo

Marcus Aurelius Wikipedia image
Cuando era un estudiante muy joven de Filología Clásica, una también joven profesora de Historia del arte antiguo me dijo: "¡te pareces mucho a Marco Aurelio!" No sé si mi cara de asombro perdura pero en mi interior sigue, sin duda sigue. En una Facultad de Filosofía y Letras (cuánto me gusta el concepto), nuestra biblioteca tenía información de todo aquello que tuviera que ver con el ser humano, antes y después del descubrimiento de la escritura. Busqué la iconografía del buen emperador y descubrí para mi pasmo que, en efecto, a los 19 años me parecía mucho a Marco Aurelio. (Nota para los que me conocen físicamente hoy: ¡no se admiten comentarios de cachondeo!). El perfil de la nariz, el tipo de bigote y, sobre todo, el corte de cabello. Sin duda, el escalpelo imperial hacía maravillas pero el mío, al natural, no desmerecía...

Desde entonces, siempre me interesé por este hombre que estuvo al frente de Roma durante casi veinte años y que, casi sin quererlo de forma explícita, instauró una forma de gobernar que tenía como norma fundamental el respeto y la atención hacia cualquier persona que tuviera algo que decirle. Sus mal traducidas Meditaciones (cuánto mejor "Reflexiones/Pensamientos para mí mismo", en griego "Tà eìs heautón": "Aquello que me concierne") son un conjunto de libros que cualquier persona que tenga la necesidad de pensar sobre qué está haciendo en este mundo y cómo lo está haciendo tendría que leer. Yo lo había hecho varias veces. Incluso había traducido para mí (en una ocasión, también publicado) alguno de sus textos. No creo, como se intenta vender hoy, que sea un manual para gobernantes. Eso está condenado al fracaso visto lo que tenemos ahora en el panorama y su nivel absurdo de formación, de sensibilidad y de incapacidad para sentarse a escuchar frente a un interlocutor.

Es un libro para ser mejores, para pensar en nosotros al ritmo con que Marco Aurelio pensaba y escribía en su tienda de campaña en el bosque de los Carnutos, mientras sus ejércitos y Cómodo batallaban contra las tribus germanas. Creo que hace falta frío para entenderle y penetrarle. Creo que es necesario que los días sean cortos y las noches largas, que el sol caliente poco y atraviese como un fino cuchillo la fría y azul atmósfera del solsticio de invierno. Así escribió el buen emperador su manera de entender la vida, así hay que leerla. Con velas cercanas, con cielo y luna presentes, con frío y naturaleza al alcance de la mano. Así pensaba y vivía un estoico que tenía en la cabeza toda la literatura griega y romana.

Para él, la relación entre la persona y la naturaleza es fundamental. Y releyendo este invierno sus Pensamientos (con la ayuda de la hermosa traducción de Joaquín Delgado, en la fantástica edición de Errata naturae, Pensamientos para mí mismo. Marco Aurelio, Madrid, 2017, ISBN 978-84-16544-53-0), me he dado cuenta de que las cosas siempre tienen un porqué. Y que mi antigua "asimilación" con el emperador, mi lectura de tantos años y mi formación en la civilización grecorromana antigua, volvían ahora con más fuerza que nunca gracias a que estoy donde estoy en mi relación con la naturaleza. Hace treinta años era incapaz de entender muchas de las cosas que Marco Aurelio proponía. Hoy, cuento con la ayuda de amigos agricultores que, con su forma de trabajar el viñedo y de hacer vino con sus frutos, me han hecho cambiar y entender la naturaleza de otra manera: Salvador Batlle; Joan Rubió; Nacho González; Mariano Taberner; Joan-Ramon Escoda; Laureano Serres; Juan Pascual; Federico Schatz; Manolo Valenzuela; Sara Pérez; Antonio Vílchez; Jordi Llorens; Iago Garrido; Rafa Bernabé; Iker García Nafria; Eloi Cedó; Gorka Mauleón; Samuel Cano; Julián Ruiz; y etc. Hoy, cuento con el apoyo de otro grupo de "amigos" que, con sus textos y experiencias a lo largo de los siglos, me han hecho entender mejor el camino que propuso el emperador: Alexander von Humboldt; Nan Shepherd; Jean Giono; Henry David Thoreau; Stefano Mancuso; James Rebanks; William Finnegan; George Eliot; Annie Dillard; María Belmonte; Sue Hubbell; Xuan Bello; Rudolf Steiner; Friedrich Nietszche; Arthur Schopenhauer; Johan Wolfgang von Goethe; y etc.

(2, 3) "Todo lo que entra en los planes de la naturaleza, y que tiende a conservarla en buen estado, es bueno para cada una de sus partes integrantes. De este modo, la buena marcha del mundo depende tanto de las múltiples variaciones de los elementos como de la transformación de los seres que lo constituyen". Hasta que no he llegado a personas que tienen como norma de su vida en el campo la conservación y la transmisión de su mejor estado, junto a su propia transformación como seres vivos en relación con él, no he entendido qué me proponía Marco Aurelio. Todavía he tardado más años para entender que (3, 12) "si te limitas a actuar conforme a la naturaleza de tu ser y a decir sencillamente la verdad...en todas tus palabras, vivirás feliz. Y nadie puede impedir que te conduzcas de este modo".  Desde tu naturaleza como ser humano tienes que mantener un diálogo de respeto y de conservación hacia la naturaleza que te rodea. Y sólo las personas que entienden que hay que actuar desde el respeto hacia el medio ambiente y desde el respeto hacia uno mismo, sólo aquellos que, sin más, se atreven a ser sinceros consigo mismos y con los demás y a serlo con la naturaleza que les rodea, son felices y hacen cosas que nos transmiten esa felicidad. Si se actúa así, además, (4, 7) "suprimes la opinión y suprimes el 'se me ha herido'. Suprime el 'se me ha herido' y suprimirás la herida". Sé tú mismo, sé sincero y natural. Y olvídate de qué dirán de ti.

Todo empieza y termina en ti: (4, 40) "represéntate  siempre el mundo como un solo ser, compuesto de una sustancia única y de un alma común. Considera cómo todo lo que en él sucede se relaciona con un solo principio, cómo se halla todo en movimiento por un mismo impulso, y cómo todo lo que acontece es el resultado de varias causas reunidas. Admira, pues, su relación y su encadenamiento". Admíralo, sí, y obra en consecuencia porque si entiendes que formas parte de la naturaleza y que ella forma parte de tu ser, no harás nada por perjudicarla. La observarás y la comprenderás, la integrarás en tu vida y formarás parte de un encadenamiento de energías que, lo sabemos, puede acabar en una botella y en una copa. Austeridad y frugalidad, sencillez y sabores esenciales, naturaleza y conservación en la copa. Porque (8, 16) "tu acción, siendo un efecto de tu voluntad y de tu discernimiento, proviene directamente de tu alma". Y de lo único de lo que conviene no esconderse es del alma. Al contrario, conviene siempre actuar de acuerdo con ella. Esto todavía me ha costado más años entenderlo y asumirlo.

Más que nunca, me siento hoy como bebo y veo, como leo y como, como paseo y comparto, como escribo y hablo. También como callo. Más que nunca, hoy, sé que no hay marcha atrás posible porque mi forma de entender y sentir las cosas es ésta: que todo lo que es, es hoy y aquí porque sucede ahora pero también porque lo que ha ido sucediendo en cada momento de mi vida, ha ayudado a hacerme como soy hoy y aquí, mientras escribo en la mañana del día de Navidad de 2017. Más que nunca, hoy sé que Marco Aurelio vino a mis 19 años para quedarse y para seguir siendo uno de mis maestros de vida.

¡Os deseo una muy feliz Navidad y que el Año Nuevo, que fuentes bien informadas dicen que llegará, esté lleno de cosas buenas y bonitas para todos!
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10 diciembre, 2017

Bodega CUEVA by Mariano Taberner

Los probióticos son Mariano Taberner y Santos Masegosa
De izquierda a derecha, salen en la foto: Moscatel de Alejandría Ancestral 2017; Mariano Taberner 1960; Tardana y Macabeo fermentados con lías de bobal Ancestral 2017,en mágnum; el primer vino de Mariano Taberner, 2006, de tempranillo, garnacha tinta y bobal; Tardana y Macabeo fermentados con lías de bobal 2017, en botella de 0,75L; Santi Masegosa; cazuela de callos y manitas de cordero con garbanzos; pote de ajoblanco hechos por la madre de Santi. De derecha a izquierda, en la foto no salen: Joan, Marta, Pol y una botella de 37,5cl de Elixir de Moscatel 2017, vino naturalmente dulce refermentado en botella.

¿Cómo les resumiría qué significa Mariano Taberner para mí? Él cree que el mejor agricultor de uvas es el que tiene las manos más limpias y bien cuidadas. Cuando va a las ferias y se mueve, mira las manos de la gente: quien las tiene mejor, allí va para beber sus vinos. Dice que quien menos toca y trabaja la tierra, saca uvas mejores y más sabrosas. Hay que observar mucho y hacer poco. Es especial en todo.

Mariano es la persona que, en mi experiencia, más sabe de fermentaciones en el mundo del vino. Idea, imagina (apenas duerme seguido...), experimenta, huele, observa, come, saborea, se sorprende, cruza cualquier frontera imaginable (vinagre de mosto que no se ha convertido en vino; fermentación del agua; reproducción de lías por gemación espontánea; cerveza de bobal; todo nuevo tipo de vinos dulces; vinos de ensamblaje que refermentan con el corazón de otras variedades de uva, y mil etc.) y cuando llega, ya está pensando en la siguiente.

Mariano es un hombre humilde y de pocas palabras. Sus manos, sus ojos, sus vinos, sus guisos, sus dulces, hablan por él. Su casa es una escuela de bacterias y de levaduras, Se enseñan mutuamente y empiezan a andar nuevos caminos. Su Ancestral de Tardana y Macabeo fermentado con lías de bobal es un nuevo hito de finura y tanicidad fresca. En botella de 1,5L... quien la consiga y la guarde un poco, será feliz. Sus moscateles de Alejandría son el corazón y la sonrisa de una tierra que no se sabía con esa alma única. Su Ancestral seco de Moscatel  2017 es antológico y hará las delicias de la cocina canalla que, en el mundo, algunos adoramos (para muestra, el botón de la cazuela de callos y manitas de cordero con garbanzos: un bocado mitológico de la mano de ese ancestral). Pero si se llega bien sentado a la mesa y salen las fermentaciones lentas (la vida empezó hace miles de años de movimientos parecidos a los que Mariano reproduce en su BioLab) de manzana (caviar de manzana vamos), de cereza, gelatinas de lías, el mejor acompañamiento es, entonces, el Elixir de Moscatel 2017 (botella pequeña con 12% de alcohol y ligera burbuja, oceánica). Y ese sorbo cambia tu vida. Theise a la mesa sonriendo satisfecho (¿este muscat no es del Palatinado?). Y el paraíso del abrazo acuático de Venus se abre ante tus ojos: acidez, burbuja, frescura, dulzor, sonrisa, amabilidad, abejas, miel con própolis, hierbabuena, posesión, comodidad. Una locura...

Mariano y Santi son muy amigos. ¿Saben por qué? Porque tanto en Bodega CUEVA (aldea La Portera, en Requena), como en el bar-covacha El Cortijo (allí donde las primeras calles del puerto romano de Tarragona van a morir a las vías del ferrocarril), se transforma cualquier materia viva que llegue en otra materia que es, por necesidad imperiosa de sus creadores, más hermosa y sabrosa que la primigenia. Sucede con las uvas y la tierra de la que nacen; sucede con el agua que corre (esa energía todavía despista a Mariano) bajo la bodega; sucede con las legumbres, las verduras, las carnes y los pescados que Santi compra y cocina. Saberes antiguos recuperados, memoria de sabores olvidados hace siglos, ahora reencontrados. El placer de la experimentación no es para nada intelectual. Se hace camino al andar. Y ellos abren la boca casi antes que sus neuronas.

Son probióticos, simbióticos, simposíacos y, finalmente, amnióticos. El secreto de la vida y de su permanente transformación está en ellos y con quienes tenemos la suerte de disfrutar de su compañía, amistad, experimentos y creaciones.